Picos de Europa

El lago Enol en invierno.

De un vistazo

Creado en 1918 con el nombre de Montaña de Covadonga, fue el primero de los Parques Nacionales que se declararon en España. Ampliado y rebautizado como Picos de Europa, se trata un espacio de montaña de enorme valor ecológico.

A destacar

Es el hábitat de corzos, lobos, gatos monteses y diversos mustélidos, como la marta, la gineta o el tejón. En los riscos la silueta más habitual es la del rebeco, un especialista en moverse por lugares que parecen impracticables.

 


En detalle

Sus cumbres eran para los navegantes el primer atisbo de tierra firme y la confirmación de que se hallaban próximos a costas cantábricas. Las guerrillas astures que combatían a los romanos buscaron cobijo entre sus abruptas peñas, donde incluso el ejército mejor entrenado está en inferioridad de condiciones. Lo mismo hicieron siglos más tarde los seguidores de Don Pelayo, que desde aquí se opusieron al avance musulmán.

Si los Picos de Europa eran un obstáculo para las invasiones, también desafiaban la presencia humana estable y en grandes números. Es por eso que la vida silvestre se mantuvo relativamente a salvo, con notables excepciones como el oso pardo, antaño abundante y hoy solo visitante ocasional.

En 1918 parte del macizo fue declarado Parque Nacional, bajo el nombre de Montaña de Covadonga, convirtiéndose en el primer espacio natural protegido de España. Ampliado y rebautizado como Picos de Europa en 1995, es también desde entonces el más extenso, con 64.660 hectáreas. Abarca tres comunidades autónomas, Asturias, Castilla y León y Cantabria.

Una imagen captada en el Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Imponente conjunto kárstico

Los Picos de Europa están formados por rocas calizas originadas en el Paleozoico, aunque las cumbres se elevaron durante el Terciario, dentro del mismo proceso tectónico que dio lugar a los Pirineos o los Alpes. Sobre esta base actuaron los glaciares cuaternarios, a los que debe su existencia el lago Enol, y lo continúa haciendo el agua de lluvia, que a causa del anhídrido carbónico que contiene provoca la lenta disolución de la caliza. La karstificación es el fenómeno geológico más frecuente en el Parque y a él se deben desfiladeros, cañones, dolinas, cuevas y galerías subterráneas, entre otras formas de relieve.

Los ríos también han puesto su granito de arena en cuanto a erosión de refiere. De hecho, las cuencas fluviales delimitan los tres grandes macizos en que están divididos los Picos de Europa, el Occidental o Cornión, entre los ríos Sella y Cares, el Central o Los Urrieles, entre el Cares y el Duje, y el Oriental o Andara, entre el Duje y el Deva.

El Macizo Central es el más abrupto de los tres y en él se encuentra el punto más elevado de la Cordillera Cantábrica, Torrecerredo (2.648 metros).

La cubierta forestal del Parque está dominada hasta los 1.300 metros por el robledal de carballo y rebollo, mezclado en las cotas bajas con encinas, castaños, avellanos y otras especies. Entre los 800 y los 1.700 metros, prosperan los hayedos, con presencia ocasional de acebos y tejos. Más arriba ceden su lugar a matorrales de genistas, brezos y enebros, que ya en el piso alpino se ven reemplazados por líquenes y pequeñas hierbas, las únicas capaces de sobrevivir allí.

Si antes decíamos que el oso apenas se deja ver ya en Picos, al urogallo cantábrico, ave emblemática del Parque, no le va mucho mejor. Los últimos censos demuestran que continúa el retroceso de la especie, algo que sucede en todo el Principado. No llega a cincuenta el número de machos de urogallo contabilizados en Asturias, mientras que a principios de los años ochenta superaban los doscientos. El peligro de extinción se cierne sobre esta tímida ave, que solo deja notar su presencia cuando llega el momento del cortejo.

Algo más abundante aunque también esquivo es el pito negro, que comparte hábitat forestal con carboneros, reyezuelos y petirrojos, entre otros pequeños pájaros. No faltan las rapaces, con notable presencia de milanos, águilas reales, culebreras, alimoches y buitres leonados.

Por lo que a mamíferos se refiere, la foresta es el hábitat de corzos, lobos, gatos monteses y diversos mustélidos, como la marta, la gineta o el tejón. En los riscos la silueta más habitual es la del rebeco, un especialista en moverse por lugares que parecen impracticables.

Las cumbres, vistas al atardecer.

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