Los Oscos

Una brumosa visión de la comarca en las primeras horas del día

De un vistazo

Desde la Antigüedad ha sido una de las comarcas más aisladas del Principado de Asturias. Por eso exhibe una personalidad característica, que se manifiesta en la arquitectura popular, las costumbres e incluso la forma de hablar de sus pobladores.

A destacar

la naturaleza del lugar se ha conservado prácticamente intacta y hoy es uno de sus principales activos turísticos.

El concejo está repleto de bosques autóctonos y saltos de agua


En detalle

Al igual que sucede con el vecino Taramundi, el tradicional aislamiento de los concejos de Los Oscos ha hecho posible que se mantengan formas de vida y construcciones ancestrales ligadas a la montaña. Son éstas tierras agrestes, poco pobladas y de difícil acceso; gracias a ello, la naturaleza del lugar se ha conservado prácticamente intacta y hoy es uno de sus principales activos turísticos.

Abundan en Los Oscos los túmulos neolíticos, los castros y las explotaciones mineras, algunas auríferas, punto este último que sin duda atrajo a los colonizadores romanos.

Es notable la influencia gallega tanto en la arquitectura como en las costumbres. Un ejemplo de este influjo son los hórreos, que presentan planta rectangular en lugar de cuadrada, como es habitual en tierras gallegas.

La peculiaridad del habla local y el propio nombre de la comarca llevaron al historiador Ramón Menéndez Pidal a plantear la hipótesis de que antaño se asentó aquí una cultura prerromana de origen itálico, la de los Oscos de Umbría, también presente en lugares como Huesca o Gascuña, en Francia.

Una de las cabañas con cubierta vegetal características de la zona

Monasterio benedictino

El punto de acceso a la comarca es la aldea de Bres, desde donde se alcanza el puerto de la Garganta, que con sus 905 metros de altitud permite divisar estupendas panorámicas.

Villanueva de Oscos es el primer concejo que encontraremos en nuestro camino. Formado por una treintena de aldeas, entre las que merece la pena visitar Salgueiras, Xestoso o Martul, su capital presenta un caserío disperso y encaramado en un relieve accidentado y de gran belleza. Amén de hórreos y molinos, que abundan por toda la comarca, su edificio más notable es el monasterio de Santa María, erigido por monjes benedictinos en 1182, aunque fue reconstruido casi por completo en los siglos XVII y XVIII. En su momento convirtió a Villanueva en un importante centro religioso y comercial, aspecto que se vio reforzado con la instalación de una ferrería en el siglo XVII.

Escudo del palacio de Mon

Actualmente solo se puede visitar una pequeña parte del conjunto, en la que el Ayuntamiento tiene instalada una exposición arqueológica.

Otra edificación eclesiástica relevante es la capilla de Santa Eufemia, de estilo barroco, a un kilómetro y medio de Villanueva. San Martín de Oscos, situado en las faldas de la sierra de San Isidro, es nuestra siguiente parada. Concejo eminentemente ganadero, en su capital se pueden contemplar buenos ejemplos de hórreos con cubierta mixta de paja y pizarra.

También es posible visitar el palacio de los Guzmán, del siglo XVIII. En los alrededores de San Martín se encuentra el palacio de Mon, levantado en el siglo XVI y actualmente en estado ruinoso, y el castro de San Isidro, en Bousoño.

Cascada del río Villanueva, una de las muchas que hay en Los Oscos<

Bosques y cascadas

Siguiendo el río Agüeira, la carretera nos conduce a Santa Eulalia de Oscos por un paraje angosto repleto de bosques autóctonos y saltos de agua.

En la capital del concejo se alza la casona de los Pruida, del siglo XVII, parte de un conjunto que incluye una capilla y varios edificios auxiliares. Muy cerca de Santa Eulalia, en dirección a Fonsagrada, la ferrería de Mazonovo permite comprender cómo funcionaba la industria artesanal del hierro.

El marqués de Sargadelos

También dentro de los límites del concejo, a orillas del río Agüera, la aldea de Ferreirela es conocida por albergar las casas natales de Antonio Fernández Lombardero, un renombrado relojero e inventor, y de Antonio Raimundo Ibáñez, marqués de Sargadelos, hoy convertida en museo.

El marqués, cuyo rostro fue inmortalizado por Francisco de Goya, fundó los altos hornos y la fábrica de cerámica de Sargadelos.

Hórreos típicos de Los Oscos, con la techumbre de lajas de pizarra

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