Gijón

El Paseo del Muro, sobre la playa de San Lorenzo, con Cimadevilla al fondo

De un vistazo

La ciudad más poblada del Principado ofrece una perfecta síntesis de historia y presente. Mientras unos disfrutarán con el castro de Campa Torres o las termas romanas, otros pueden perderse en la noche gijonesa o ‘enloquecer’ con su carnaval.

A destacar

El Elogio del Horizonte de Chillida, situado en las antiguas fortificaciones y emplazamientos artilleros del cerro de Santa Catalina, reconvertidos ahora en un agradable jardín con vistas al mar.

Precediendo a la festividad de Begoña, el 15 de agosto, tiene lugar la Semana Grande, plagada de conciertos gratuitos. La noche del 14 se organiza un espectáculo de fuegos artificiales.


En detalle

Es Gijón una ciudad bulliciosa y amable, que encuentra en el mar el desahogo perfecto para el ajetreo de la vida urbana. La inconfundible silueta del cerro de Santa Catalina, donde se alza el barrio histórico de Cimadevilla, es una de las primeras imágenes que quedan grabadas en la retina del visitante.

También se ubica sobre el promontorio otro de los símbolos de la ciudad, la escultura de Eduardo Chillida Elogio del horizonte, exacta definición de un paisaje marítimo que domina toda la cara norte de la población, estirada a lo largo de la bahía de San Lorenzo.

La escultura Elogio del horizonte, de Chillida, uno de los iconos de Gijón

El nacimiento de Gijón se remonta al siglo V antes de Cristo, cuando un pueblo astur, los cilúrnigos, se asentó en lo que hoy se conoce como el castro de Campa Torres, ubicado en el cabo que cierra por el oeste la bahía de San Lorenzo. Según el testimonio posterior del historiador romano Plinio, su poblado fortificado se llamaba Noega.

Estos cilúrnigos eran ganaderos, agricultores y comerciantes. También trabajaban los metales, como evidencian los hallazgos localizados en este importante yacimiento arqueológico, que sin duda merece una visita. A finales del siglo I, los romanos se hicieron con el control de la zona y fundaron una urbe en la falda del cerro de Santa Catalina, poblada tanto por italianos como por familias astures. Se conservan vestigios de las murallas que la protegían por el sur, haciéndola fácilmente defendible.

Es probable que su nombre en esta época fuera Gigia, aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre este extremo. Lo que sí sabemos con certeza es que se trataba de un señalado puerto comercial del Conventus Asturum, la unidad administrativa en la que estaba organizado el territorio central asturiano.

Salsa para todo

La estatua del emperador Octavio Augusto a los pies de Cimadevilla, recuerda su vinculación con tierras asturianas

Está documentada la existencia de una boyante industria de salazón del pescado, que tuvo su máxima actividad entre los siglos III y IV. También se elaboraba aquí el garum, una salsa de intenso sabor hecha con vísceras y trozos de pescado macerados, que los romanos adoraban y empleaban para aderezar los más variados platos.

La comunidad romano-astur que pobló Gijón no descuidaba el ocio y el aseo, las dos actividades a las que estaban dedicadas las termas encontradas en el subsuelo de la plaza de Campo Valdés, al pie del cerro de Santa Catalina. Aunque ya eran conocidas desde 1903, fue entre 1990 y 1994 cuando se excavaron y se estudiaron a fondo, acondicionándolas para que pudieran ser visitadas.

El actual museo de las termas romanas de Campo Valdés permite contemplar los restos de las estancias originales, con su combinación de baños fríos y calientes, así como su sistema de calefacción. En cada estancia, un monitor ofrece una reconstrucción del aspecto que tenía cuando estaba en uso. Una proyección audiovisual y varias maquetas y paneles explicativos permiten comprender cómo funcionaban las termas, que se mantuvieron en uso hasta principios del siglo V.

Termas romanas

Después de esta fecha, la descomposición del Imperio romano provocó el abandono de su función original, aunque el lugar se continuó utilizando como vivienda y basurero. Ya en la Edad Media, la zona quedó transformada en cementerio y lugar de culto.

A principios de la Edad Media, la invasión musulmana de la Península provocó la llegada a Gijón de un gobernador islámico, de nombre Munuza, que se hizo cargo del territorio al abrigo de sus murallas. No debió vislumbrar muchas posibilidades de permanecer allí de forma estable, porque dejó la ciudad tras un breve periodo de cuatro años. Inmersa durante el Medioevo en las disputas entre los nobles asturianos y el rey de Castilla, Gijón no vivió muchos cambios hasta 1480, cuando los reyes Católicos autorizaron la construcción de un puerto en la ciudad.

Jovellanos, un gijonés reformista

Político y escritor ilustrado, Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) es uno de los gijoneses más reverenciados dentro y fuera de su ciudad natal. Tuvo una existencia turbulenta, propia del periodo histórico que le tocó vivir, el del hundimiento del Antiguo Régimen. Godoy, el favorito de Carlos IV, le nombró ministro de Justicia en 1797, pero al año siguiente le desposeyó de su cargo y le desterró a Gijón.

En 1801 fue detenido y encarcelado en Palma de Mallorca, lo que él aprovechó para escribir Memorias del castillo de Bellver. Fernando VII le perdonó en 1808, justo antes de la invasión francesa, durante la cual fue el representante de Asturias en la Junta Central que dirigía la guerra contra Napoleón. Murió en 1811 en Puerto de Vega, cuando escapaba de las tropas francesas, que habían entrado en Gijón.

Jovellanos fue un decidido impulsor del desarrollo urbano y cultural del Principado, tal y como lo fue también a escala nacional. Apoyó la construcción de las carreteras que finalmente comunicaron Asturias con Castilla y promovió un proyecto de mejora urbana y obras públicas en Gijón, así como la fundación del Instituto de Náutica.

En la actualidad, su casa natal, erigida en el siglo XIV al pie del cerro de Santa Catalina, es un museo que alberga una notable colección de pinturas, esculturas, fotografías y piezas arqueológicas. En contra de su voluntad, que era que su cuerpo reposara en el cementerio municipal situado junto a la iglesia de San Pedro, sus descendientes trasladaron sus restos mortales a la capilla de los Remedios, anexa a la Casa Museo, donde se encuentra su sepulcro.

El palacio de Revillacigedo y la estatua de Don Pelayo.

A finales del siglo XVIII, la urbe se convierte en la capital marítima de Asturias, aunque su entramado urbano no varía demasiado hasta el último tercio del siglo XIX, cuando se amplía por la línea de costa hacia occidente, al fundarse varios barrios obreros, cerca del la estación de ferrocarril y el puerto, una clara muestra del avance de la industrialización.

Hacia oriente, Gijón se amplía en estas fechas con un ensanche, mientras que hacia el sur se edifican barriadas ocupadas por trabajadores inmigrantes. El puerto de El Musel se consagra como uno de los de mayor tráfico de toda España.

En las últimas décadas, la ciudad ha recuperado antiguos espacios industriales, se ha dotado de nuevos equipamientos y se ha convertido en sede de relevantes eventos culturales, como la Semana Negra, el Festival Internacional de Cine o el Salón del Libro Iberoamericano.

Sus 260.000 habitantes hacen de ella la urbe más poblada de Asturias, pero en las callejuelas de Cimadevilla o en las inmediaciones de la Plaza Mayor todavía se respira la tranquilidad de antaño. La actividad industrial continúa siendo importante, pese a la reconversión que en los años 80 afectó de forma dramática a la bahía gijonesa. Símbolos de la revitalización urbana son la playa de Poniente, la Universidad de Cabueñes, el Jardín Botánico Atlántico y los numerosos museos.

El lugar más indicado para iniciar un paseo por Gijón es el barrio de Cimadevilla, el corazón histórico de la ciudad. Tradicionalmente poblado por pescadores, en el siglo XIX sufrió un grave deterioro por el desarrollo industrial incontrolado y fue abandonado por las familias burguesas, que se trasladaron al ensanche de San Lorenzo.

Los surfistas aprovechan cualquier atisbo de viento para sacar sus tablas.

Alabanza escultórica

Hoy está muy recuperado y concentra un alto número de edificios históricos y obras de arte modernas, entre las que la más conocida es el Elogio del Horizonte de Chillida, situado en las antiguas fortificaciones y emplazamientos artilleros del cerro de Santa Catalina, reconvertidos ahora en un agradable jardín con vistas al mar. No muy lejos de ella, en el camino de bajada hacia el puerto deportivo, está ubicada otra escultura emblemática de la ciudad, Nordeste, del artista asturiano Joaquín Vaquero Turcios.

Las inmediaciones de la Plaza Mayor, en uno de esos escasos momentos de tranquilidad matinales, que contrastan con el bullicio que domina las tardes y noches.

Paseando por Cimadevilla

Ya hemos mencionado las termas de Campo Valdés, en la plaza del mismo nombre. En el pequeño parque que ocupa la plaza, una estatua del emperador Octavio Augusto nos recuerda la vinculación de Roma con la ciudad.

Poco más allá, la iglesia de San Pedro, gótica en origen fue reconstruida completamente tras la Guerra Civil, con un estilo historicista que pretende rescatar los signos de identidad del prerrománico asturiano.

Otra estampa para imaginar como pudo ser la Gijón romana son los restos de la muralla que la protegía, en la cercana plaza de Jovellanos, donde también se encuentra la Casa Museo Natal del escritor y político (ver recuadro). La entrada del recinto fortificado estaba situada donde actualmente se alza la Torre del Reloj, sede del archivo municipal de Gijón. Este edificio alberga también una exposición que explica las diferentes fases históricas de la ciudad y tiene un mirador en su última planta.

La antigua Fábrica de Tabacos, en la plaza Periodista Arturo Arias, y la casa de los Nava, en la plaza de los Remedios, son otras paradas recomendables en el paseo por Cimadevilla.

El puerto deportivo de Gijón, un excelente lugar para el paseo sosegado.

Una vez recorrido el cerro de Santa Catalina, podemos descender hacia el puerto deportivo, un lugar muy agradable para caminar y también para informarse, puesto que allí se ubica la Oficina de Turismo de la ciudad (sobre el espigón de Fomento).

Domina el puerto el palacio barroco de Revillagigedo, en la plaza del Marqués, erigido en 1702 a partir de la antigua casa fortificada de los Valdés-Jove. Hoy en día es un centro internacional de arte que ofrece exposiciones temporales de vanguardia. Pegada al palacio está la colegiata de San Juan Bautista, también barroca, y frente a él, una estatua de finales del XIX dedicada a Don Pelayo, vencedor de Covadonga y primer rey astur.

El palacio y capilla de la Trinidad, en la vecina calle del mismo nombre, fue levantado en el siglo XVII por encargo de la familia Jove-Huergo. Actualmente está ocupado por el Museo Juan Barjola, un pintor extremeño de mediados del XX que casó con una asturiana y legó parte de su obra al Principado.

Otras construcciones barrocas próximas son el palacio de los Jove-Hevia y la anexa capilla de San Lorenzo. Antes de abandonar la zona, debemos detenernos en la plaza Mayor. Estratégicamente emplazada entre el barrio antiguo y el ensanche moderno, es un lugar clave de paso y reunión, que también acoge actividades festivas y culturales. Está presidida por el edificio del Ayuntamiento, del siglo XIX.

Terrazas en la calle Corrida.

Por la calle Corrida

Desde los Jardines de la reina arranca la calle Corrida, una vía rescatada para el peatón, que ofrece numerosos ejemplos de arquitectura modernista y art-decó. Corrida es el eje de la principal zona comercial de la ciudad, que se extiende por calles como San Bernardo, Los Moros o Langreo.

A su izquierda queda la plaza del Instituto, donde está ubicado el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, promovido por Jovellanos, que incluso puso su primera piedra a finales del XVIII, aunque el edificio tardaría unos cien años en quedar terminado. Ahora es un centro cultural de interesante visita.

Siguiendo el paseo Begoña, que pasa junto al Instituto, llegamos a los jardines del mismo nombre, frente a los que está el Teatro Jovellanos, punto neurálgico en la vida cultural de la ciudad. Un paseo por Gijón debe incluir una visita a alguna de sus playas. Las más céntricas son las de Poniente, muy cerca del Puerto Deportivo, y la de San Lorenzo, a los pies de Cimadevilla. La primera estuvo ocupada hasta los años 80 por los Astilleros del Cantábrico, que cerraron en esos años. Ahora se encuentra recuperada para el ocio y el baño. San Lorenzo es un larguísimo arenal de unos dos kilómetros, ideal para caminar o practicar deportes náuticos, especialmente el surf.

En una ciudad con tanta tradición marítima, es asimismo interesante acercarse al puerto de El Musel, construido a finales del siglo XIX y para el que existe en la actualidad un proyecto de ampliación.

Imponente universidad

La Universidad Laboral.

En los alrededores de Gijón, concretamente hacia el este de la ciudad, hay dos lugares de enorme interés. El primero es la Universidad Laboral, en Cabueñes, un imponente edificio de época y estética franquista, que hoy está siendo transformado en un complejo cultural y educativo, que incluirá facultades, un centro de arte y un hotel.

Un poco más allá de la Universidad se localiza el Jardín Botánico Atlántico, espacio dedicado a los ecosistemas vegetales del hemisferio norte. Incorpora dentro de su perímetro parte de una carbayeda natural.

La noche gijonesa

La diversión nocturna tiene su epicentro en el casco antiguo, donde se concentran numerosas sidrerías y bares de copas. La zona de Fomento, la calles Marqués de San Esteban, Capua e Instituto y el Náutico son otros lugares prolíficos en locales animados.

También lo es el Barrio de la Arena, junto a la playa de San Lorenzo. En cuanto a los restaurantes, toda la ciudad está bien surtida, siendo buenos lugares para detenerse el barrio de Cimadevilla y el entorno de la Plaza Mayor.

La playa de San Lorenzo, lugar de desahogo para gijoneses y visitantes.

Citas festivas imprescindibles

En febrero y marzo se celebra en Gijón el Antroxu, uno de los carnavales más animados de Asturias, con desfiles, comparsas y concursos de murgas. La Semana Santa gijonesa, en abril, es el momento de las procesiones religiosas, que se concentran en Cimadevilla. En este mes también se organiza la Feria de Abril, un símbolo de Andalucía trasladado al norte.

En junio, poco antes de las festividades de San Juan y San Pedro, tiene lugar la Semana de la Mar, dedicada a reafirmar la conexión de la ciudad con el Cantábrico. Tras la noche de San Xuan llega el día de San Pedro, patrón de Gijón, momento en el que se lleva a cabo la bendición de las aguas.

Agosto el mes central en lo que a festejos se refiere. En su primer domingo se celebra el Día de Asturias, con un desfile protagonizado por el folclore asturiano. Precediendo a la festividad de Begoña, el 15 de agosto, tiene lugar la Semana Grande, plagada de conciertos gratuitos. La noche del 14 se organiza un espectáculo de fuegos artificiales. En estos días se celebra la Fiesta de la Sidra, con degustaciones, concursos y actuaciones de música tradicional.

Recomendamos