Avilés

Vista aérea de Avilés

De un vistazo

La asociación más inmediata que establecemos al pensar en Avilés es su vinculación pretérita y actual con la industria. Sin embargo, esta zona ofrece al viajero mucho más. Playas, arquitectura indiana, gastronomía marinera y, en Avilés, uno de los cascos históricos mejor conservados de todo el Principado.

Pasear por las calles avilesinas es como retroceder en el tiempo, puesto que no solo se mantienen en pie edificios nobiliarios o eclesiásticos, sino también viviendas populares tradicionales, dispuestas a lo largo de vías porticadas que tienen su origen en la Edad Media.

A destacar

El Antroxu o Carnaval, declarado de interés turístico regional. La calle Galiana acoge en estas fechas un peculiar descenso fluvial, con originales vehículos que discurren por la citada vía, inundada de espuma.

El domingo y el lunes de Pascua tiene lugar la Fiesta del Bollu, una celebración alumbrada en 1892 como acto de reconciliación entre dos familias avilesinas enfrentadas por un conflicto comercial.


En detalle

Es esta una ciudad que mantiene vivas las señas de identidad que la distinguieron desde su fundación, allá por el año 1085, cuando Alfonso VI le concedió sus fueros como villa. Avilés era un importante puerto comercial y pesquero y lo continúa siendo, merced de su estratégica situación en la ría del mismo nombre. Su rula es la de mayor actividad de Asturias y una de las más animadas de todo el Cantábrico.

El Ayuntamiento visto desde los soportales de la Plaza de España

Todavía se celebra el mercado de los lunes que los Reyes Católicos permitieron organizar a la villa como medida de ayuda tras el grave incendio que sufrió en el siglo XV. Desde 1528, Avilés tuvo el privilegio de comerciar con los territorios de ultramar. La industria también fue importante en sus orígenes, especialmente la alfarería y los textiles, hoy reemplazados por los altos hornos y las factorías de cristal, zinc y aluminio.

Los jardines de Ferrera, un lugar de esparcimiento en pleno centro de Avilés.

El despegue industrial no ha impedido que Avilés ofrezca al visitante un casco histórico pequeño pero muy bien conservado, que sorprende gratamente a quien solo asocia esta urbe con grúas y chimeneas.

Aquí nació en 1519 el marino Pedro Menéndez de Avilés, fundador y gobernador de La Florida, la ciudad más antigua de Norteamérica. Felipe II contaba con él para organizar y comandar la Armada Invencible que habría de invadir Inglaterra, pero la muerte le sobrevino antes de poder cumplir tal encargo, en 1574. Su cuerpo reposa en una capilla de la iglesia románica de los Padres Franciscanos, al final de la calle de La Ferrería.

La casa de Valdecarzana, uno de los escasos ejemplos de gótico civil que se conservan en Asturias.

Murallas del siglo XIII

El núcleo urbano original se dotó de una muralla circular en el siglo XIII y también de su primera iglesia parroquial intramuros, San Nicolás de Bari, asociada a la llegada de los franciscanos a la ciudad. Fuera del amparo de las fortificaciones surgió el barrio marinero de Sabugo, con su propia iglesia, dedicada a Santo Tomás de Canterbury.

El XVII fue un siglo de crisis económica para Avilés, pero la población se recuperaría pronto y en la siguiente centuria ya había capeado la recesión, merced de un repunte de la actividad pesquera, la industria y la artesanía.

En el siglo XIX se produjo un importante desarrollo urbano que obligó a derribar las murallas medievales. Los barrios obreros del sur se edificaron en el siglo XX, cuando la instalación de los altos hornos y las factorías atrajo una nutrida inmigración.

Un paseo por el casco histórico, que incluye los barrios de La Villa y Sabugo, nos permitirá disfrutar de viejas calles con soportales, iglesias y palacios. En la Plaza de España se alza el Ayuntamiento, del siglo XVIII, al que se añadió la torre con reloj en la centuria siguiente. Las calles de La Ferrería, que como la vecina La Fruta es de origen medieval, presentan característicos soportales, en los que antaño trabajaban los artesanos, protegidos por ellos del sol y la lluvia. Hay en La Ferrería dos construcciones reseñables.

Un rincón de la Plaza de España

Una es la casa de Valdecarzana o de las Baragañas, en la esquina con la calle del Sol, de estilo gótico, levantada en el siglo XV por una de las poderosas familias avilesinas. Es una de las escasas muestras de gótico civil que existen en el Principado. La otra es la iglesia de los Padres Franciscanos, románica de finales del siglo XII, que en unos de sus capiteles ofrece una representación de Adán y Eva. Adosada a ella se encuentra la Capilla de los Alas, del siglo XIII, buen ejemplo del gótico inicial asturiano.

De camino hacia el Parque del Muelle aparece el Palacio de Camposagrado, al final de la calle de La Fruta, edificado en el siglo XVII. Antes habremos dejado a nuestra derecha la Plaza de Camposagrado, que alberga el Museo y Escuela Municipal de Escultura, en una construcción del siglo XVI rehabilitada. Ya en el barrio de Sabugo podemos visitar la Iglesia Vieja de Sabugo, románico del siglo XIII.

Muy cerca está la Plaza del Carbayo, corazón del antiguo barrio marinero, cerrada por viviendas con mirador tradicionales. De regreso hacia el barrio de La Villa por la calle La Cámara podemos hacer una parada en la Iglesia de Santo Tomás de Canterbury, construcción neogótica de finales del XIX que es heredera de la que ocupó el solar en época medieval.

Cabezas que sirven de fuente

La iglesia de San Nicolás de Bari, de origen románico. Conserva un notable claustro renacentista

De nuevo en la Plaza de España, el paseo nos conduce ahora al Palacio del Marqués de Ferrera, una edificación barroca de los siglos XVII y XVIII que ahora funciona como hotel.

A sus espaldas están ubicados los antiguos jardines de la propiedad, de estilo inglés, en la actualidad un hermoso parque público muy frecuentado por avilesinos y visitantes. Tomando la calle San Francisco nos topamos con la singular Fuente de los Caños, de los siglos XVII y XVIII, uno de los iconos de Avilés. El agua mana de seis cabezas humanas, sobre las que están esculpidos tres escudos heráldicos; el central es el de Castilla y los laterales son de la ciudad.

Tras la fuente encontraremos la iglesia de San Nicolás de Bari, originalmente románica, con un notable claustro renacentista. Podemos poner fin al recorrido en la calle Galiana, que ofrece una típica estampa del Avilés del siglo XVIII, con casas porticadas según una tradición que ya existía en la Edad Media.

La Fuente de los Caños, uno de los iconos de la villa

Centro Niemeyer – Avilés

La última, y más espectacular, incorporación a la arquitectura avilesina es el Centro Cultural Internacional “Oscar Niemeyer”.

Ubicado en la margen derecha de la ría avilesina, el espectacular complejo fue diseñado en 2006 por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, en agradecimiento por el Premio “Príncipe de Asturias” de las Artes que recibió en 1989 y para conmemorar el XXV aniversario de los galardones.

Originalmente pensado para albergar el museo de los Premios Príncipe, la decisión de construirlo en Avilés y no en Oviedo, supuso también un cambio en su orientación. El Principado apostó por un ambicioso centro cultural de vanguardia, que diese cabida a todo tipo de manifestaciones artísticas, que fue finalmente inaugurado en la primavera de 2011.

Centro Niemeyer

El complejo del Centro Niemeyer está compuesto por 4 edificios, en torno a una gran plaza abierta de 22.000 metros cuadrados:

El Auditorio, es la mayor de las edificaciones. En su punto más alto alcanza los 26 metros y tiene capacidad para cerca de 1000 espectadores. Cuenta con la peculiaridad de que su escenario puede abrirse también hacia la Plaza para actuaciones al aire libre.

La Cúpula, de aproximadamente 4.000 m2, está pensada para albergar exposiciones de todo tipo.

La Torre, con casi 20 metros de altura, es un privilegiado mirador sobre la ría y la ciudad. A través de una escalera exterior helicoidal se accede a la parte superior, un disco rodeado de grandes ventanales que alberga una coctelería y un restaurante.

El Edificio Polivalente, completa el conjunto conectando visualmente el Auditorio y la Cúpula. En su interior se ubican las oficinas del Centro, una sala de cine, espacios para conferencias, guardería, tienda y cafetería.

El Niemeyer está unido a la ciudad por una espectacular pasarela peatonal (la “grapa”) y una multicolor replica del viejo puente de “San Sebastián” diseñado por Eiffel a principios de siglo.

Festejos señalados en la villa avilesina

Las jornadas festivas comienzan en febrero con el Antroxu o Carnaval, declarado de interés turístico regional. La calle Galiana acoge en estas fechas un peculiar descenso fluvial, con originales vehículos que discurren por la citada vía, inundada de espuma.

A finales de marzo y principios de abril se celebra la Semana Santa, precedida por la ya tradicional Semana de Música Religiosa de Avilés. El domingo y el lunes de Pascua tiene lugar la Fiesta del Bollu, una celebración alumbrada en 1892 como acto de reconciliación entre dos familias avilesinas enfrentadas por un conflicto comercial. Alimentado con bollos escarchados típicos de la ciudad y regado con vino blanco, el festejo tiene como actos centrales el Desfile de Carrozas, la Comida en la Calle y el Encuentro Coral de Habaneras, a los que se añaden el Festival Folclór ico Asturiano, las verbenas y la Milla Urbana.

Entre mayo y junio, concretamente el martes siguiente al séptimo domingo después de Pascua, Avilés acoge la Fiesta del Puchero, en la ermita de La Luz. Se l lama así porque una pareja de novios rompe un cántaro y luego se besa tantas veces como pedazos hayan quedado. Se supone que los novios se casarán antes de que transcurra un año.

Otras celebraciones son la Danza Prima de San Juan (24 de junio), la Danza Prima de San Pedro (29 de junio), la Danza Pr ima del Car - men ( 16 de jul io) , la Danza Prima de Santa Ana (26 de jul io) y el Festival Intercélticu d’Avilés (26 de julio a 4 de agosto), en el que participan grupos de Irlanda, Escocia, Bretaña, Galicia y Asturias. En agosto tienen lugar las Fiestas Patronales de San Agustín (con Danza Prima en la medianoche del día 28) y el Festival Internacional de Música y Danza Popular (entre los días 14 y 18).

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